Vivat Academia (2026).
ISSN: 1575-2844
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Recibido: 07/03/2025 Aceptado: 31/10/2025 Publicado: 18/01/2026
The climate crisis and the glocal dynamics of misinformation
Amanda Medeiros: Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología; Casa Oswaldo Cruz; Fundación Oswaldo Cruz. Brasil.
Igor Waltz: Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología; Casa Oswaldo Cruz; Fundación Oswaldo Cruz. Brasil.
Ricardo Bolzán: Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología; Casa Oswaldo Cruz; Fundación Oswaldo Cruz. Brasil.
Juliana Bulhões: Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología; Casa Oswaldo Cruz; Fundación Oswaldo Cruz. Brasil.
Luisa Massarani [1]: Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología; Casa Oswaldo Cruz; Fundación Oswaldo Cruz. Brasil.
Carolina Moreno: Universitat de València. España.
Margoth Mena Young: Universidad de Costa Rica. Costa Rica.
Chico Quevedo Camargo: Universidad de Exeter, Reino Unido.
Luiz Felipe Fernandes Neves: Universidad Federal de Goiás. Brasil.
Thaiane Oliveira: Universidad Federal Fluminense. Brasil.
Cómo citar el artículo:
Medeiros, Amanda; Waltz, Igor; Bolzán, Ricardo; Bulhões, Juliana; Massarani, Luisa; Moreno, Carolina; Mena Young, Margoth; Quevedo Camargo, Chico; Fernandes Neves, Luiz Felipe y Oliveira, Thaiane (2026). La crisis climática y las dinámicas glocales de la desinformación [The climate crisis and the glocal dynamics of misinformation]. Vivat Academia, 59, 1-32. https://doi.org/10.15178/va.2026.59.e1618
Introducción: A pesar de la urgencia del problema climático, los esfuerzos globales para intervenir y mitigar sus impactos se han visto sistemáticamente comprometidos por la propagación de desinformación. Metodología: En este contexto, se utilizó contenido de desinformación con mayor interacción en redes sociales, publicado en inglés, español y portugués durante 2023, para identificar tendencias, similitudes y diferencias que permitieran reflexionar sobre los flujos globales de desinformación climática. Para ello, se recopiló datos con la herramienta BuzzSumo y se adaptó y aplicó un protocolo analítico enfocado en el análisis de este tipo de desinformación en plataformas digitales. Se exploraron tres categorías: remitentes, fuentes y tipologías de desinformación, lo que permitió identificar la naturaleza glocal de la desinformación climática. Resultados: Los principales hallazgos señalan el predominio de los medios tradicionales y alternativos en la difusión de desinformación sobre el cambio climático en diferentes contextos nacionales. Estos medios se presentan como supuestas autoridades discursivas en el tema, instrumentalizando la credibilidad de científicos, investigadores e instituciones académicas para legitimar narrativas de desinformación. Además, se identificaron variaciones significativas en los patrones de desinformación según el contexto cultural y lingüístico analizado. Discusión y conclusiones: Los datos indican que, si bien este fenómeno presenta estrategias discursivas comunes globalmente, también está marcado por especificidades socioculturales locales.
Palabras clave: Cambio climático, desinformación científica, redes sociales, autoridad científica, flujos globales de desinformación.
ABSTRACT
Introduction: Despite the urgency of the climate change issue, global efforts to intervene and mitigate its impacts have been systematically compromised by the spread of misinformation. Methodology: In this context, based on the misinformation content with most engagement on social media, published in English, Spanish, and Portuguese during 2023, we sought to identify trends, approaches, and divergences in order to reflect on global flows of climate misinformation. To do so, we collected data using the BuzzSumo tool and also adapted and applied an analytical protocol for analyzing this type of misinformation on digital platforms. Three categories were explored —senders, sources and typologies of misinformation— which allowed us to identify the glocal nature of climate misinformation. Results: The main findings point to the predominance of traditional and alternative media in the dissemination of climate change misinformation in different national contexts. These media present themselves as supposed discursive authorities on the subject, while exploiting the credibility of scientists, researchers, and academic institutions to legitimize misinformation narratives. Furthermore, significant variations in misinformation patterns were identified according to the cultural and linguistic context analyzed. Discussion and conclusions: The data suggest that, while this phenomenon maintains common discursive strategies on a global scale, it is also influenced by local sociocultural specificities.
Keywords: climate change, scientific misinformation, social media, scientific authority, global flows of misinformation.
La influencia de las actividades humanas en el cambio climático es ampliamente reconocida por la comunidad científica internacional. El Sexto Informe de Evaluación (AR6) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) señala que el aumento promedio de la temperatura global de 1,1 °C ya ha provocado cambios sin precedentes en el sistema climático de la Tierra (Core Writing Team et al., 2023). El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S, por sus siglas en inglés), vinculado a la Comisión Europea, corrobora esta conclusión e indica que, en 2024, la temperatura global promedio superó los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales (Copernicus Climate Change Service, 2024). Esto pone en peligro el objetivo principal del Acuerdo de París, firmado en 2015 para frenar el calentamiento global (Obergassel et al., 2015).
A pesar de la urgencia del problema climático, los esfuerzos globales para intervenir y mitigar sus impactos se han visto sistemáticamente comprometidos por la difusión de información errónea. En general, la literatura sobre el tema ha definido la información errónea como la propagación deliberada de falsedades, motivada por intereses políticos, ideológicos y/o económicos, sociales o culturales (Bennett y Livingston, 2018; Freelon y Wells, 2020), especialmente amplificada por las redes sociales (Treen et al., 2020), lo que influye no solo en la percepción pública de la crisis climática, sino también en las políticas ambientales y la confianza en la ciencia (Gundersen et al., 2022; Romanello et al., 2022; Thapa Magar et al., 2024).
Así pues, la desinformación climática se inscribe en un marco más amplio de estrategias negacionistas, entendidas como el uso táctico y sistemático de la retórica para crear la apariencia de un debate legítimo y abierto en el que, en realidad, ya existe un consenso científico establecido (Diethelm y McKee, 2009). Según los autores, estas estrategias incluyen la difusión de teorías conspirativas, la promoción de falsos expertos, la selección sesgada de pruebas y otras tácticas destinadas a cuestionar la ciencia establecida. En este sentido, Gundersen et al. (2022) destacan que esta erosión de la confianza en la ciencia no debe subestimarse. Históricamente, las corporaciones y los grupos conservadores han utilizado estrategias de desinformación para obstaculizar el progreso regulatorio.
La evidencia científica apunta a que la crisis climática exige esfuerzos transnacionales, y que la desinformación y el negacionismo agravan este escenario al comprometer la adhesión de ciertos segmentos de la población a las medidas de mitigación (Cook et al., 2018; Michaelowa y Michaelowa, 2017). Por lo tanto, resulta esencial investigar cómo la desinformación también constituye un fenómeno global. En este sentido, autores como Santini y Barros (2022) señalan la necesidad de realizar estudios que examinen las formas específicas en que el negacionismo climático se manifiesta en diferentes contextos regionales y culturales, con especial atención al Sur Global.
Este trabajo parte de la hipótesis de que la desinformación opera como un flujo transnacional que trasciende las fronteras nacionales, pero que se manifiesta anclado en disputas, tensiones y dinámicas socioculturales locales; es decir, desde una perspectiva glocal. Esta última implica un amplio marco analítico de fenómenos globales que sufren modificaciones o reconfiguraciones basadas en circunstancias y contextos locales específicos; en otras palabras, como un nexo en la relación interactiva entre los procesos globales y lo que distingue a las identidades locales (Ismail et al., 2024).
En este sentido, la desinformación científica, y en particular la desinformación sobre el cambio climático, se entiende como un fenómeno que, si bien implica rasgos comunes globalmente, también puede presentar lógicas distintivas mediadas por contextos socioculturales específicos que consideramos relevantes para los fines de este trabajo.
Con el fin de abordar esta complejidad y la importancia de comprender mejor la circulación de la desinformación (Treen et al., 2020), especialmente en los ámbitos de la ciencia y el cambio climático, este estudio busca identificar las tendencias, similitudes y diferencias de los contenidos que han generado mayor interacción en las redes sociales. En este artículo, entendemos el concepto de "contenido" como los significados codificados en textos, imágenes, videos y otros formatos de comunicación que circulan en plataformas digitales. Surgido a principios del siglo XXI, con la consolidación de la "web 2.0", este concepto se ha vuelto fundamental para comprender los flujos de comunicación, la economía de la atención y los modos de participación e interacción en los espacios digitales (Jenkins et al., 2013).
Así, analizamos tres aspectos fundamentales: las principales fuentes de desinformación, para comprender los actores sociales con quienes el público ha interactuado con mayor frecuencia; las fuentes movilizadas en estos contenidos (reales o distorsionadas) para construir una apariencia de legitimidad y autoridad discursiva; las tipologías presentes y las estrategias discursivas empleadas. Como elección metodológica, adoptamos un enfoque lingüístico centrado en el inglés, el español y el portugués. Esta opción se justifica porque no buscamos una investigación restringida a contextos nacionales específicos, sino un enfoque que priorice los flujos transnacionales, y que tenga en cuenta lenguas ampliamente habladas por diversas poblaciones.
El periodo de tiempo adoptado corresponde al año 2023, que, hasta el momento de la recopilación de datos para esta investigación, se consideraba el más caluroso desde el inicio de la serie histórica (Copernicus Climate Change Service, 2024)[2]. Para operacionalizar la investigación, nos inspiramos en un protocolo (Cruz et al., 2025) que demostró ser una herramienta fructífera para sistematizar la desinformación sobre el cambio climático extraída de plataformas digitales, y lo adaptamos. De este modo, este estudio busca contribuir a los debates públicos sobre la desinformación científica que se han desarrollado en diferentes partes del mundo (Maia, 2024; Thapa Magar et al., 2024; Lewandowsky, 2021; Nguyen y Catalan-Matamoros, 2020).
La desinformación es un fenómeno global complejo caracterizado por la difusión de información incompleta, inexacta o deliberadamente engañosa en la esfera pública (Thapa Magar et al., 2024). En los ámbitos de la ciencia y la salud, el debate público sobre el cambio climático se ha destacado como una de las principales áreas afectadas por la desinformación (Nguyen y Catalan-Matamoros, 2020), especialmente en un contexto marcado por la creciente polarización política y la crisis epistémica (Oliveira, 2022). El consenso científico actual subraya que el cambio climático representa un riesgo global, pero afecta de manera desproporcionada a los países emergentes, cuyas perspectivas de desarrollo son más frágiles (Barbieri et al., 2018).
En este contexto, la desinformación constituye un factor agravante que se ha integrado a una estrategia política y económica (Hassan et al., 2024). Esta desinformación se ha visto impulsada por múltiples factores, desde la negación o el escepticismo ante el cambio climático hasta prácticas alarmistas y la polarización político-ideológica (Treen et al., 2020). Además, los intereses económicos desempeñan un papel fundamental, con la difusión deliberada de dudas en la opinión pública por parte de actores vinculados, por ejemplo, a la industria de los combustibles fósiles (Franta, 2021; Santini y Barros, 2022 y Thapa Magar et al., 2024). Esta estrategia, frecuentemente asociada a campañas de relaciones públicas y grupos de presión, busca socavar la credibilidad de la evidencia científica y retrasar la adopción de políticas públicas destinadas a mitigar los efectos del cambio climático (Franta, 2021).
Entre los principales actores que participan en este proceso, Treen et al. (2020) identifican a gobiernos que fomentan la incertidumbre científica, organizaciones políticas y religiosas, industrias de diversos sectores, científicos negacionistas, medios de comunicación —especialmente aquellos alineados con ideologías de derecha—, así como segmentos de la población, en particular hombres blancos con orientaciones políticas conservadoras. Estos factores se han identificado durante varias décadas, especialmente desde la década de 1980 (Franta, 2021), pero se han visto particularmente amplificados por las transformaciones mediáticas traídas por los nuevos entornos digitales.
Este escenario, caracterizado por la autocomunicación y los procesos interactivos mediados, reconfigura las dinámicas de poder y permite que un mayor número de actores sociales se hagan oír (Castells, 2007). La presencia masiva de interacción y contenido generado por el usuario reorganiza los criterios para atribuir credibilidad y las formas de socialización del conocimiento, que incluye aquellas que se desvían del consenso científico actual (Kata, 2012). A esto se suma la laxitud de las plataformas para frenar la circulación de este tipo de contenido, ya que las prácticas de moderación se ven constantemente presionadas por las estrategias políticas y económicas de las empresas que las controlan (Emergente Loiola, 2022).
Por lo tanto, a la luz del cambio climático global y los desafíos que plantea el ecosistema mediático actual, la producción científica sobre desinformación ambiental y climática ha crecido continuamente, aunque todavía se considera un área en sus primeras etapas de desarrollo (Urbano et al., 2024). Un hito importante en este campo fue el año 2020, con el inicio de la pandemia de Covid-19, que intensificó los debates sobre la desinformación científica y sus implicaciones (Urbano et al., 2024). Dada la naturaleza transnacional y la urgencia de estos temas, algunas investigaciones han buscado un enfoque comparativo desde diferentes perspectivas.
Este es el caso del análisis que ha identificado la desinformación sobre el medio ambiente en América Latina y el Caribe con base en 51 artículos científicos identificados en las bases de datos Scopus, Web of Science, Dimensions y SciELO (Urbano et al., 2024). El estudio reveló que los idiomas predominantes en estas publicaciones son el portugués (23 artículos) y el inglés (22 artículos), mientras que el español aparece en menor proporción (6 artículos). Entre los temas abordados, la desinformación relacionada con la crisis climática se destacó como una de las más recurrentes. Según los autores, este problema ha adquirido prominencia global, lo que genera amplias repercusiones en los círculos políticos y sociales (Urbano et al., 2024).
Para comprender las estrategias de desinformación, también es necesario examinar cómo se instrumentaliza la autoridad discursiva históricamente asociada a la comunidad científica en la construcción de narrativas que distorsionan o desacreditan el conocimiento establecido. Esta autoridad puede entenderse como parte del capital simbólico —un conjunto de recursos tangibles e intangibles que confieren reconocimiento y legitimidad a individuos o grupos dentro de un campo (Bourdieu, 1989, 2001)— que sustenta la confianza pública en la ciencia.
Con el acelerado avance del desarrollo tecnológico e industrial, especialmente a partir del siglo XIX, el conocimiento científico adquirió un estatus legítimo como producción de verdad (Oliveira, 2020). Como recuerdan Gundersen et al. (2022), la confianza pública en la ciencia no se limita al desempeño, la formación técnica y el compromiso crítico de los científicos, sino que también está intrínsecamente ligada a los valores públicos y democráticos. Además, las prácticas actuales de mediatización contribuyen a un cambio en el reconocimiento de esta autoridad, que se otorga a los científicos con mayor acceso a los medios de comunicación, en lugar de a la calidad de la investigación en sí (Oliveira, 2020). En otras palabras, la fiabilidad en la ciencia está ligada no solo a criterios epistémicos, sino también a criterios institucionales y sociales.
En la actualidad, este capital simbólico ha sido instrumentalizado por actores interesados en cuestionar el conocimiento actual. En un contexto de polarización y disputas discursivas, la fiabilidad de los científicos del clima ha sido puesta en entredicho por algunos expertos con posturas escépticas, a menudo ajenas a este campo, con eco en movimientos conservadores y corporaciones de combustibles fósiles (Gundersen et al., 2022). Esta estrategia, por lo tanto, combina el uso de credenciales académicas con intereses económicos y políticos. Más que una simple negación de la ciencia, se trata de un recurso al capital simbólico de la ciencia para validar narrativas que desafían el consenso establecido (Oliveira, 2020). En esta reconfiguración de la autoridad científica, los discursos conservadores buscan legitimar a los científicos afines a sus valores, apropiándose de la producción científica de manera que se ajuste a sus narrativas y corrobore sus argumentos (Oliveira, 2021).
Los estudios han indicado que esta “autoridad científica” utilizada por los grupos negacionistas para deslegitimar la ciencia se basa en tácticas como la reinterpretación sesgada de la investigación según ideologías o alineamientos políticos (Abellán López, 2021) y la delimitación de fronteras epistemológicas entre una supuesta “ciencia ilegítima” y una “legítima”, esta última, por ejemplo, vinculada a la defensa del enfoque del expresidente Jair Bolsonaro para gestionar la pandemia de Covid-19 en Brasil (Fonseca et al., 2022). También en el contexto de la pandemia, Duarte y Benetti (2022) analizan el discurso del expresidente Jair Bolsonaro y señalan que no necesariamente negó la ciencia, sino que la reificó y se apropió de sus signos y controversias basándose en lo que, desde la perspectiva del entonces presidente, sería la distinción entre “buena ciencia” o ciencia pura frente a una ciencia supuestamente ideológica y politizada.
En este sentido, la desinformación sobre el cambio climático genera dudas y malentendidos en la opinión pública, socavando la credibilidad del consenso científico y, a menudo, invalidando las estrategias y esfuerzos de comunicación sobre el clima (Lewandowsky, 2021). Al sembrar dudas, la desinformación afecta la percepción de urgencia en torno a la implementación de políticas de intervención pública. Si bien Hassan et al. (2024) observan esfuerzos de mitigación entre activistas, profesionales de los medios de comunicación y gobiernos, los efectos de la desinformación climática pueden implicar riesgos para la democracia, como la desconfianza en los hechos, la degradación de la confianza en la ciencia y la deslegitimación de las instituciones epistémicas (Blake-Turner, 2020; Oliveira, 2022; Treen et al., 2020).
En el contexto de los flujos globales de desinformación, las plataformas digitales actúan como facilitadoras o propagadoras (Hassan et al., 2024), razón por la cual se las ha considerado entornos relevantes para realizar estudios e investigaciones sobre el tema (Treen et al., 2020). Por lo tanto, considerando las especificidades de la desinformación sobre el cambio climático y sus aspectos transnacionales, así como los elementos discursivos utilizados para construir una supuesta autoridad científica que justifique y respalde dicha desinformación, resulta relevante investigar cómo estas cuestiones se articulan con diferentes contextos nacionales, culturales y sociales, para comprender cómo un fenómeno global se relaciona con tensiones y particularidades locales.
En este sentido, las relaciones entre lo local, lo global y lo glocal se han vuelto relevantes en términos teóricos y están dando forma a diferentes campos basándose en la consideración de que lo glocal no implica un reemplazo de lo local por lo global o un impacto unidireccional de la globalización, sino más bien una interconexión, superposición, fusión o influencia mutua de diferentes niveles e interdependencias, como lo ejemplifica el papel que juegan las tecnologías digitales en la conectividad social (Ismail et al., 2024).
Si la desinformación circula en flujos a través de los espacios digitales, cabe preguntarse hasta qué punto se rige por estrategias discursivas similares en distintas partes del mundo y hasta qué punto adquiere características contextuales específicas. Un posible enfoque sería adoptar una perspectiva lingüística, en lugar de una delimitación nacional, lo que nos permitiría identificar patrones transnacionales y comprender cómo se articulan los discursos de desinformación en diferentes contextos lingüísticos. Partiendo de esta problemática, en la siguiente sección presentamos nuestro enfoque metodológico para analizar las características, tendencias y diferencias de la desinformación más difundida sobre el cambio climático en plataformas digitales en inglés, español y portugués durante 2023.
El objetivo de este estudio es analizar cómo la desinformación sobre el cambio climático, un problema de dimensiones globales, se propaga en distintos contextos, observando si se adapta a las particularidades locales sin perder su conexión con los flujos transnacionales más amplios. De este modo, se busca contribuir a los debates e investigaciones que se desarrollan en diferentes partes del mundo sobre este tema.
A partir de la hipótesis de que la desinformación opera como un flujo global que atraviesa diferentes realidades nacionales y regionales y se manifiesta de una manera intrínsecamente ligada a disputas y tensiones locales, se busca construir una ruta metodológica orientada al análisis crítico del contenido desinformación sobre el cambio climático que circuló en inglés, español y portugués durante 2023. Para ello, utilizamos la herramienta en línea BuzzSumo [3], que nos permite identificar, mediante métricas cuantitativas, las URL que lograron mayor interacción en redes sociales. Esta herramienta ya ha sido ampliamente utilizada en investigaciones sobre desinformación en las áreas de ciencia y salud (Biancovilli et al., 2021; Massarani et al., 2024; Zaila et al., 2020), ya que ofrece la posibilidad de identificar y monitorear el contenido más popular basado en el filtrado por palabras clave.
En la primera etapa, se recopila el contenido más relevante en los tres idiomas ya mencionados: inglés, español y portugués. La elección de estos idiomas se justifica por ser los de los investigadores que participan en el proyecto de cooperación internacional sobre desinformación climática, en el que se enmarca esta investigación. Para ello, se utiliza las palabras clave “climate change “, “cambio climático“y “mudanças climáticas“para generar tres corpus distintos, cada uno compuesto por 100 enlaces, publicados entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2023.
Como se indicó anteriormente, la justificación del período de tiempo elegido radica en que 2023 fue, hasta el momento de la recopilación de datos, el año más caluroso desde el inicio de la serie histórica (Copernicus Climate Change Service, 2024). Este hallazgo resalta no solo la urgencia de los debates sobre el clima, sino también las posibles formas en que este debate se configura en las redes sociales. Además, una serie de eventos meteorológicos extremos, exacerbados por el cambio climático (las inundaciones en el sur de Brasil, los incendios forestales en Chile y los ciclones en Perú) han alimentado la difusión de diversas narrativas falsas sobre el tema (Cruz et al., 2025). Por lo tanto, este período de tiempo permite un análisis longitudinal que trasciende los contextos nacionales específicos, priorizando los flujos transnacionales de desinformación en idiomas ampliamente hablados por diversas poblaciones y países alrededor del mundo.
Cabe destacar también que la investigación concibe el concepto de “contenido” como los significados articulados en diferentes formatos digitales (texto, imagen, sonido, audiovisual, entre otros) que circulan y son apropiados por las audiencias en plataformas en línea. Esta concepción nos permitió realizar un análisis basado en un corpus muy diverso de contenido que generó la mayor interacción en redes sociales. BuzzSumo utiliza como métrica de interacción la suma de veces que se comparte un enlace, los comentarios, los “me gusta” y las reacciones que obtiene en Facebook, Twitter, Pinterest y Reddit. Reconocemos que el concepto de interacción trasciende las posibilidades de interacción previamente establecidas por las interfaces de las plataformas digitales. Sin embargo, los datos de interacción proporcionados por BuzzSumo ofrecen una vía metodológicamente viable para identificar el contenido que más captó la atención de las audiencias en debates públicos en línea sobre ciencia y sus intersecciones sociales y políticas (Massarani et al., 2021; 2024; Medeiros et al., 2023). En las plataformas digitales, los significados se negocian y comparten entre los usuarios, lo que implica que la confianza en el contenido no depende exclusivamente de la calidad de la información, sino también de los procesos de socialización (Tandoc et al., 2017). Además, el contenido con mayor interacción tiende a ser impulsado algorítmicamente, lo que aumenta su visibilidad (Kischinhevsky y Fraga, 2020).
En una segunda etapa, se lleva a cabo un nuevo proceso de selección y se identifica materiales de desinformación a partir de la premisa de que se trata de contenidos inexactos o engañosos, a menudo difundidos deliberadamente con el fin de influir en la opinión pública (Thapa Magar et al., 2024). Para ello, todo el contenido fue evaluado por dos examinadores con dominio de los idiomas analizados. Utilizando la herramienta ReCal [4](Freelon, 2010), realizamos pruebas estadísticas para calcular el coeficiente de fiabilidad entre codificadores de los corpus. Los resultados del porcentaje de concordancia indican un 100 % en inglés, un 100 % en español y un 98 % en portugués.
La verificación se realizó de forma cualitativa y se comparó los materiales con datos de artículos científicos, fuentes oficiales e informes de noticias. Este proceso dio como resultado un nuevo corpus compuesto por 50 piezas de contenido: 25 en inglés, 13 en español y 12 en portugués. Esta cifra representa el 16,7 % del corpus inicial . Si bien el número absoluto puede parecer pequeño, su relevancia destaca porque BuzzSumo recopila el contenido con mayor interacción en diversas plataformas de redes sociales. Esto pone de manifiesto la importante presencia de desinformación entre los materiales con mayor participación. Es importante recalcar que la herramienta solo recopila contenido público en redes sociales, lo que significa que la difusión de desinformación puede ser aún mayor en espacios privados, como grupos cerrados de Facebook o aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Telegram. Esta limitación sugiere futuras investigaciones complementarias que consideren dichos entornos.
El corpus final fue sometido a una investigación basada en un protocolo analítico preexistente (Cruz et al., 2025). En base a este protocolo, se sistematiza en la Tabla 1 las categorías que se utilizan en este estudio para investigar los flujos globales de desinformación sobre el cambio climático. Tras aplicar el protocolo, también se opta por realizar una observación más cualitativa de la categoría que incluye las tipologías de desinformación y abordan así los marcos y las líneas argumentativas.
Tabla 1
Libro de códigos utilizado en el estudio
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Categoría |
Explicación |
Codificación |
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Emisores |
Identificar a los actores responsables de la producción y difusión de enlaces con información errónea. |
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Fuentes citadas |
Análisis de las voces mencionadas o referenciadas en el contenido de desinformación, incluso si es de forma falsa o distorsionada, con el objetivo de construir una supuesta credibilidad o autoridad discursiva. |
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Tipología de la desinformación |
Clasificación de las formas en que se manifiesta la desinformación, incluidas sus estrategias discursivas y los mecanismos de participación empleados para movilizar a la audiencia. |
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Fuente: Elaboración propia, en base al protocolo preexistente de Cruz et al. (2025).
Como se detalla en la Tabla 1, la categoría “emisores” se refiere a los actores sociales responsables de la emisión de mensajes. Para fines analíticos, las codificaciones de esta categoría incluyen tanto a emisores individuales, como perfiles de políticos, líderes religiosos, activistas, celebridades y divulgadores científicos, como a emisores institucionales, como organismos públicos e institutos de investigación. También se incluyen las categorías de “medios tradicionales” y “medios alternativos” y se reconoce que el ecosistema mediático contemporáneo es complejo, híbrido y dinámico (Canavilhas, 2012), y que esta dualidad no agota la diversidad de posibles configuraciones. Aun así, esta distinción se operacionalizó esquemáticamente con base en criterios de origen y estructura productiva.
Por “medios alternativos” se entiende iniciativas que, independientemente del apoyo, las plataformas o los perfiles, están representadas por segmentos sociales organizados, como colectivos, sindicatos y ONG, sin estar necesariamente vinculadas a una comunidad específica (Peruzzo, 2009). Estos medios contrastan con los “medios tradicionales”, vehículos consolidados con una estructura corporativa o institucional más sólida, operados con fines comerciales o públicos, como emisoras de radio y televisión, periódicos impresos de amplia circulación y portales de noticias corporativos. Así, las páginas o perfiles digitales mantenidos por empresas periodísticas consolidadas se clasificaban como “medios tradicionales”, mientras que los medios especializados o vinculados a organizaciones sociales se clasificaban como “medios alternativos”.
En el caso de la categoría “fuentes citadas”, estas se identificaron a partir de los sujetos y entidades utilizados como referencias en el contenido analizado. Por “fuente” entendemos individuos, instituciones o materiales documentales invocados o mencionados en el proceso de producción discursiva (Wolf, 1999). Dado que nuestro enfoque analítico se centra en la desinformación, no se busca verificar si las fuentes fueron citadas correctamente, ni si hubo distorsiones o falsificaciones, sino comprender qué “fuentes” se utilizaron en el contenido para conferir autoridad y legitimidad al mensaje entre el público.
La codificación de las fuentes siguió parámetros similares a los utilizados en la categoría de "emisores", con la adición de una nueva subcategoría: "publicación científica". La distinción entre "medios tradicionales" y "medios alternativos" también se mantuvo, de forma puramente operativa, de conformidad con los mismos términos definidos previamente.
En cuanto a la “tipología de la desinformación”, existe un enfoque en las formas en que este contenido busca influir en el debate público. En base a la sistematización propuesta en un protocolo preexistente (Cruz et al., 2025), se analiza las dinámicas utilizadas para hacer participar a las audiencias. Este enfoque permite que se comprendan los recursos discursivos que sustentan la desinformación. Así, este estudio permite que se establezca un análisis crítico de los mecanismos mediante los cuales opera la desinformación climática y contribuye a la comprensión de las dinámicas glocales . En la siguiente sección, se presenta los resultados del análisis basados en cada una de las categorías mencionadas anteriormente.
El análisis del corpus permitió identificar tendencias importantes en el contenido de desinformación sobre el cambio climático, especialmente en lo que respecta a su origen. En el corpus en inglés, predomina el contenido originario de Estados Unidos (20 en total), seguido del Reino Unido (2), Bulgaria (2), Singapur (1) y Alemania (1). En el corpus en español, los materiales analizados proceden mayoritariamente de España (5), seguidos de Colombia (2), Estados Unidos (2), México (2, incluida la versión mexicana del periódico español El País) y Argentina (1), además de uno con origen no identificado. En el caso del corpus en portugués, hay menor diversidad de países de origen, con el contenido mayoritario de Brasil (10), y una menor presencia de materiales de Portugal (2).
Estos hallazgos iniciales ya ponen de manifiesto un primer aspecto transnacional de la desinformación, especialmente perceptible en el contenido en inglés, que no necesariamente proviene de países donde el inglés es el idioma oficial. En las siguientes subsecciones, se presenta los resultados del análisis realizado con base en el protocolo adoptado y se explora datos relacionados con los emisores, las fuentes y las tipologías de la desinformación.
Un contacto exploratorio con el corpus de investigación permitió identificar un predominio de medios tradicionales y alternativos entre los difusores de desinformación sobre el cambio climático. Considerando el total de 50 materiales analizados, 25 (50%) se originaron en medios alternativos, mientras que 13 (26%) estaban vinculados a medios tradicionales. Además, en esta selección, en seis (12%) de los casos también se identificaron como difundidas por celebridades, dos (4%) por líderes religiosos o espirituales, y cuatro (8%) por otros tipos de emisores. Cabe aclarar que los otros tipos de difusores que conforman el libro de códigos no fueron identificados. Si bien el estudio no propone una comparación directa entre los diferentes corpus, es posible identificar puntos de convergencia con respecto a los difusores de desinformación sobre el cambio climático en los tres idiomas analizados, como se describe en la Figura 1 a continuación.
Figura 1
Distribución de emisores de desinformación climática
Fuente: Elaboración propia.
De los 25 materiales analizados en inglés, 14 (56%) se clasificaron como provenientes de medios alternativos, mientras que cinco (20%) provenían de medios tradicionales. En este corpus, los medios alternativos incluyen plataformas con orientaciones ideológicas nacionalistas, conservadoras, libertarias/neoliberales y de extrema derecha, incluyendo sitios web que producen o difunden noticias falsas . Además, cuatro (16%) contenidos fueron producidos por celebridades/influencers, mientras que dos (8%) de los materiales de desinformación fueron publicados por otros medios, en este caso, sitios web de humor.
El corpus en español, compuesto por 13 piezas de desinformación, se distribuye de la siguiente manera: cuatro (30,8%) productos de medios tradicionales; cuatro (30,8%) de medios alternativos; dos (15,4%) materiales producidos por líderes religiosos/espirituales; y un (7,7%) material vinculdo a una celebridad. Entre los medios alternativos, se identificaron un periódico partidista con ideología de derecha y un sitio web/blog que funciona como medio no tradicional. Dos materiales (15,4%) en español fueron producidos por otros emisores, correspondientes a un perfil en una plataforma digital (no necesariamente de un influenciador o celebridad) y un medio satírico.
Finalmente, en portugués, siete (58,3%) de los doce casos de desinformación sobre el cambio climático provenían de medios alternativos. También se identificaron cuatro (33,3%) casos de medios tradicionales, y uno (8,3%) fue producido por una celebridad, en este caso, una influenciadora a través de un canal de YouTube.
Además de mapear las diferentes fuentes, también se analizó la incidencia de voces y actores sociales que se activan o citan en estos contenidos de desinformación. Con respecto a los datos acumulados de los tres corpus, se contabilizaron 119 ocurrencias de fuentes, considerando que algunos materiales hacen referencia a más de una. De este total, 20 fuentes corresponden a profesionales de la ciencia; 14 a medios tradicionales; 13 a medios alternativos; 13 a organismos e instituciones públicas; 12 a publicaciones o estudios científicos; nueve a periodistas y comentaristas; nueve a políticos; cuatro a activistas; cuatro a celebridades; tres a entidades privadas, como empresas, ONG o fundaciones; tres a institutos de investigación; dos a líderes religiosos y espirituales; uno a comunicadores científicos; uno a profesionales de la educación; y 11 a otros. La Figura 2 muestra esta misma distribución de datos como porcentaje.
Figura 2
Incidencia de fuentes desencadenadas/citadas
Fuente: Elaboración propia.
En cuanto a las fuentes y voces citadas, cada corpus presentó un perfil distinto. En el corpus en inglés, de las 72 ocurrencias identificadas, destacan las siguientes: profesionales de la ciencia (n=14; 19,4%), medios alternativos (n=11; 15,3%), organizaciones e instituciones (n=9; 12,5%), medios tradicionales (n=8; 11,1%) y publicaciones o estudios científicos (n=8; 11,1%). Además, se citaron políticos (n=6; 8,3%), celebridades (n=3; 4,2%), empresas privadas, ONG y fundaciones (n=3; 4,2%), periodistas y comentaristas (n=3; 4,2%) y activistas (n=2; 2,8%). Otros tipos de fuentes (n=5; 6,9%) incluyeron testimonios de residentes de las regiones cubiertas en los informes, publicaciones de perfiles en X (no siempre de expertos en cambio climático) y el uso de ChatGPT como referencia.
En el corpus en español, de las 20 ocurrencias identificadas, las fuentes más citadas fueron periodistas y comentaristas (n=3; 15%), profesionales de la ciencia (n=3; 15%) y publicaciones o estudios científicos (n=3; 15%). Además, se registraron activistas (n=2; 10%), líderes religiosos o espirituales (n=1; 5%), organizaciones e instituciones (n=1; 5%), celebridades (n=1; 5%) y políticos (n=1; 5%). Otros tipos de fuentes (n=5; 25%) incluyeron videos y documentales negacionistas, referencias bíblicas y ciudadanos entrevistados en un reportaje televisivo.
A su vez, en el corpus en portugués, de los 27 casos analizados, hay una mayor presencia de medios tradicionales (n=6; 22,2%), seguidos de institutos de investigación (n=3; 11,1%), periodistas y comentaristas (n=3; 11,1%), organismos e instituciones (n=3; 11,1%) y profesionales de la ciencia (n=3; 11,1%). Otras fuentes identificadas incluyeron medios alternativos (n=2; 7,4%), políticos (n=2; 7,4%), divulgadores científicos (n=1; 3,7%), líderes religiosos o espirituales (n=1; 3,7%), profesionales de la educación (n=1; 3,7%), publicaciones o estudios científicos (n=1; 3,7%) y otros (n=1; 3,7%).
En cuanto a las tipologías de desinformación, se adoptó las proposiciones de un protocolo preexistente (Cruz et al., 2025) para analizar los procesos de construcción discursiva presentes en el contenido del corpus. En esta selección, se identificó diez tipologías distintas y un total de 230 ocurrencias (ya que algunos materiales recurrían a múltiples estrategias simultáneamente). Entre las más relevantes, destacan: la contribución a la fabricación de incertidumbre o la formación de controversias (n=37; 16,1%); el refuerzo de sesgos de creencia o la potenciación de teorías conspirativas (n=32; 13,9%); y el cuestionamiento de la evidencia científica, con falta de fundamento científico (n=30; 13%). También fueron recurrentes la producción de conexiones y contextos falsos o contenido fabricado, contradictorio y/o insostenible (n=29; 12,6%); y la simulación de texto de difusión periodística o científica (n=29; 12,6%). y la expresión de incredulidad en las instituciones epistemológicas (n=21; 9,1%).
A esto se suma la elevación de personas comunes al estatus de fuente de representación o expertas en un campo (n=16; 7%); la sugerencia de noticias importantes, declaraciones impactantes y/o sorprendentes, la incitación a las emociones (miedo, sorpresa, repugnancia) o el énfasis en el discurso emocional con narrativas catastróficas (n=16; 7%); y la alineación con fanatismos religiosos, políticos, etc. (n=11; 4,8%). Finalmente, otras formas de desinformación que no se ajustan directamente a estas categorías representaron nueve ocurrencias (3,9%). Sin separación por idioma, la Figura 3 muestra la distribución de estas estrategias en los 50 materiales examinados.
Figura 3
Incidencia de tipologías de desinformación climática
Fuente: Elaboración propia.
Tras analizar los datos por idioma, de un total de 113 ocurrencias en el corpus en inglés, se identificó 21 (18,6%) enfoques que contribuyen a la fabricación de incertidumbre o la formación de controversias; 18 (15,9%) enfoques que refuerzan los sesgos de creencia o potencian las teorías de la conspiración; 15 (13,3%) que cuestionan la evidencia científica, careciendo de fundamento científico; 14 (12,4%) que presentan conexiones y contextos falsos o contenido fabricado, contradictorio y/o insostenible; 13 (11,5%) que simulan texto de difusión periodística o científica; 11 (9,7%) que muestran una manifestación de incredulidad en las instituciones epistemológicas; 10 (8,8%) que elevan a sujetos comunes a una fuente de representación o experto en un campo; seis (5,3%) que sugieren noticias importantes, traen declaraciones impactantes/sorprendentes o incitan emociones (miedo, sorpresa, asco), ponderando el discurso emocional con narrativas catastróficas; cuatro (3,5%) que se alinean con el fanatismo (religioso, político y de otro tipo); y, finalmente, uno (0,9%) sobre otro tipo de desinformación identificada, que, en este caso, trata sobre la forma exagerada de presentar los hechos.
En el corpus español, a su vez, se contabilizaron 66 ocurrencias, con 10 (15,1%) enfoques que refuerzan los sesgos de creencia o potencian las teorías de la conspiración; 10 (15,1%) que simulan textos de divulgación periodística o científica; nueve (13,6%) que cuestionan la evidencia científica pero carecen de fundamento científico; ocho (12,1%) con conexiones y contextos falsos o contenido fabricado, contradictorio y/o insostenible; siete (10,6%) enfoques que contribuyen a la fabricación de incertidumbre o la formación de controversias; seis (9,1%) que expresan incredulidad en las instituciones epistemológicas; cinco (7,6%) que sugieren grandes novedades, declaraciones impactantes/sorprendentes o que incitan emociones (miedo, sorpresa, asco) o que enfatizan el discurso emocional con una narrativa catastrófica; cuatro (6,1%) que elevan a sujetos comunes a una fuente de representación o experto en un campo; y dos (3%) que se alinean con diversos fanatismos. También se identificaron otros tipos de desinformación en cinco ocasiones (7,6%), entre los que se incluyen: el uso de pseudociencia para explicar el cambio climático; la cita errónea de estudios; la incitación al ridículo del calentamiento global; la mezcla de evidencia científica con fundamentos bíblicos para explicar el calentamiento global; y artículos que dan voz a los negacionistas.
Finalmente, las 51 instancias en el corpus portugués se clasificaron en nueve (17,6%) enfoques que implican la fabricación de incertidumbre o la formación de controversias; siete (13,7%) con conexiones y contextos falsos o contenido fabricado, contradictorio y/o insostenible; seis (11,8%) que cuestionan la evidencia científica, careciendo de fundamento científico; seis (11,8%) que simulan texto periodístico o de difusión científica; cinco (9,8%) alineados con fanatismos (religiosos, políticos y otros); cinco (9,8%) que sugieren grandes novedades, declaraciones impactantes/sorprendentes o que incitan emociones (miedo, sorpresa, asco) o que enfatizan el discurso emocional con una narrativa catastrófica; cuatro (7,8%) que expresan incredulidad en instituciones epistemológicas; cuatro (7,8%) que refuerzan sesgos de creencia o potencian teorías de conspiración; dos (3,9%) que elevan a sujetos comunes a una fuente de representación o experto en un campo; y tres (5,9%) con otros tipos de desinformación, uno de los cuales es un texto mal articulado en términos de escritura, que termina contribuyendo a la desinformación; un segundo que utiliza información poco comprensible/accesible para simular datos científicos; y otro que parte de una noticia verificada, que reinterpreta lo que se dijo para conducir a la desinformación.
En resumen, en los tres corpus se registraron al menos una vez los 10 tipos de desinformación. La contribución a la generación de incertidumbre o la formación de controversias es el tipo de desinformación sobre el cambio climático más frecuente, especialmente en los corpus en portugués e inglés, como se muestra en la Figura 4.
Figura 4
Incidencia de tipologías de desinformación climática por idioma
Fuente: Elaboración propia.
A partir de la categoría que trata las tipologías de la desinformación, en esta etapa final, se examina, con un enfoque más cualitativo, los marcos y líneas argumentativas presentes en el contenido desinformación sobre la crisis climática. En el caso del corpus en inglés, se observa una diversidad de estrategias discursivas. Algunos contenidos recurrieron a la difusión de teorías conspirativas sobre el supuesto "engaño", "mentira", "fraude" o "fraude masivo" de la crisis climática en la agenda "globalista" de gobiernos e instituciones, fabricadas por élites políticas o funcionarios "corruptos" e "hipócritas" que buscan "generar miedo en la población". En esta concepción, la crisis climática sería una fabricación, y la "agenda verde" algo contrario a las "naciones soberanas", el "éxito occidental" y los "intereses de los contribuyentes". Algunos materiales incluso consideran el cambio climático como una "pseudociencia". Además, se identifican preguntas sobre el consenso científico establecido sobre el cambio climático o su causa antropogénica; y la adopción de un tono satírico o irónico, con el fin de ridiculizar el calentamiento global.
El contenido del corpus en español, sin embargo, recurre a recursos como la idea de una supuesta “revelación” de la verdad oculta tras las “mentiras inventadas” sobre el calentamiento global, frecuentemente asociadas a teorías conspirativas. Además, se observa una apropiación del discurso religioso, ya sea mediante la mezcla de información científica con fundamentos bíblicos o mediante el uso de oráculos para predecir el cambio climático. Incluso se llega a desacreditar o refutar a expertos, a quienes se tacha de “secta” de “falsos profetas del calentamiento global”.
El intento de deslegitimar a la comunidad científica y a otros actores sociales es también un punto central en el contenido en español. Se repiten discursos negacionistas de profesionales de la ciencia, se distorsionan estudios científicos con fines comerciales y se desacreditan las acciones de periodistas y políticos sobre el tema, argumentando que carecen de preparación o están alineados con intereses ocultos. El tono conspirativo se manifiesta en distintos frentes: la denuncia del calentamiento global como un “fraude” inventado por tecnócratas, la preconcepción de un supuesto “consenso anti-cambio climático” y el cuestionamiento de las causas antropogénicas del fenómeno. Además, son recurrentes las estrategias para ridiculizar el tema, ya sea a través de la sátira o la minimización de los impactos ambientales.
En el caso del corpus portugués, el encuadre y el tratamiento implican líneas argumentativas que provienen de discursos negacionistas producidos por reconocidos profesionales de la ciencia; discursos apocalípticos o fatalistas (como la desaparición de ciudades); afirmaciones infundadas o sin fuentes; tratamiento irónico y negacionista; anuncios impactantes; manipulación de imágenes; discursos sobre las vacunas como solución para combatir los efectos del cambio climático; acusaciones de fraude en inversiones en cambio climático en varios países; tratamiento del calentamiento global como una falacia; vinculación del tema del cambio climático con la agenda política; y datos erróneos.
Los resultados de nuestro estudio indican un papel preponderante tanto de los medios alternativos como de los tradicionales en la difusión de desinformación sobre el cambio climático. En cada uno de los corpus, en conjunto, estas fuentes representan al menos el 61,6 % de los actores, y llegan a más del 90 % en el caso del corpus en portugués. Estos mismos resultados permite reflexionar sobre la presencia, más o menos pronunciada, según el idioma, de otras fuentes. Celebridades e influenciadores digitales se presentaron como autoridades discursivas sobre el cambio climático en los corpus en español e inglés, al igual que líderes religiosos y espirituales en el corpus en español. Es importante destacar que estos actores no están necesariamente vinculados al ámbito periodístico o científico, sino que se apropian de una proyección mediática para intentar construir una supuesta autoridad discursiva en el debate sobre el cambio climático.
Estos actores emplean distintas estrategias de legitimación, generalmente basadas en la construcción de una imagen de liderazgo o de celebridad mediática reconocida. En algunos casos, recurren a titulares de periódicos, comentarios de figuras públicas o extractos de libros para sustentar narrativas conspirativas y promover una supuesta división entre la población y las élites políticas, las instituciones o los expertos en cambio climático. En otros casos, sobretodo en la muestra en español, quienes se presentan como líderes religiosos o espirituales recurren a “oráculos” o interpretaciones bíblicas para sus explicaciones.
Estos datos revelan la diversificación de quienes, en la actualidad, han sido legitimados y, por lo tanto, autorizados a difundir información científica errónea. La lógica de las plataformas digitales, al pulverizar el polo emisor de información, permite la diversificación de los actores que ocupan esta posición en el circuito comunicativo (Castells, 2007). En un escenario de crisis epistémica en el ámbito científico, estos nuevos actores acumulan cada vez más capital simbólico (Bourdieu, 1989/2001) que facilita la transmisión, sin mucha resistencia, de lo que enuncian (Oliveira, 2020), incluso si se trata de información errónea. Esto se debe a que, a medida que acumulan cierta autoridad entre sus audiencias, la tendencia es que el contenido del mensaje pierda importancia y que adquiera mayor relevancia la persona que lo emite (Oliveira, 2020; Tandoc et al., 2017). Esta es una tendencia que rompe las barreras geográficas y culturales, y puede ayudar a comprender la presencia de diferentes fuentes de desinformación climática en los tres corpus examinados.
En cuanto a la incidencia de fuentes en los corpus, es posible identificar algunos contrapuntos. En general, la autoridad científica se invoca ampliamente en todos los idiomas, ya sea a través de investigadores, estudios académicos o instituciones gubernamentales. Además, el periodismo y los organismos e instituciones públicas también predominan, aunque con variaciones en su peso y en la forma en que se movilizan en cada corpus. En este sentido, es posible observar paralelismos con la instrumentalización de la autoridad epistémica en ámbitos sociales como la ciencia o el periodismo. Esta instrumentalización de la ciencia en oposición al consenso científico también se ha observado en otros estudios, en el contexto de la negación del cambio climático (Abellán López, 2021; Santini y Barros, 2022), el activismo antivacunas (Kata, 2012; Maia, 2024) y la promoción del uso de cloroquina para el tratamiento de la COVID-19 (Oliveira et al., 2021), lo que indica que es una característica que rompe barreras socioculturales y se materializa en flujos globales de desinformación.
En los materiales analizados, también se observó, por ejemplo, la citación y el respaldo otorgado a premios Nobel que niegan el cambio climático (John Clauser e Ivan Giaever) para reforzar narrativas engañosas sobre el tema. En este sentido, es pertinente establecer un paralelismo entre el papel de científicos de renombre en la difusión de desinformación sobre el cambio climático y los hallazgos de Emergente Loiola (2022), quien también identificó videos negacionistas protagonizados por investigadores de importantes instituciones entrevistados por medios de comunicación de amplia difusión.
Este proceso ya tenía precedentes, como la cita de científicos de renombre como Carl Sagan del Instituto Americano del Petróleo en Estados Unidos para justificar la minimización del calentamiento global en beneficio de la industria de los combustibles fósiles (Franta, 2021). Por lo tanto, también es posible establecer relaciones entre la desinformación científica sobre el cambio climático y la alineación con el papel de los diferentes actores e intereses involucrados en la difusión y propagación de dicha desinformación (Santini y Barros, 2022).
Los resultados obtenidos en relación con las tipologías de desinformación climática se desvían de un patrón y señalan especificidades relacionadas con cada uno de los tres idiomas examinados. Aun así, cabe destacar que algunos formatos sobresalieron en al menos dos corpus simultáneos —como la contribución a la fabricación de incertidumbre en inglés y portugués, o incluso los sesgos de creencia o la amplificación de teorías conspirativas en inglés y español— lo que apunta a la existencia de ciertos flujos y tendencias, aunque no estrictamente estandarizados (European Digital Media Observatory[5] [EDMO], 2022).
Por lo tanto, es pertinente señalar que, si bien la desinformación es un fenómeno que se propaga a través de flujos globales, los contextos socioculturales también influyen en las formas específicas en que se materializa. Esto sugiere que, según los problemas específicos de cada contexto sociocultural, la desinformación científica no solo adopta diferentes formas, sino que también tiene un mayor o menor potencial de circulación y, por lo tanto, de contribuir a la generación de controversias (Santini y Barros, 2022), la división de la opinión pública y la siembra de dudas en la población (Thapa Magar et al., 2024). Una vez influenciada por las características locales, la circulación de este tipo de contenido también puede contribuir a la polarización sobre el tema y a la creación de controversias artificiales que tienen el potencial de orientar comportamientos y, por ende, retrasar las políticas de mitigación del cambio climático (EDMO, 2024; Santini y Barros, 2022; Treen et al., 2020).
En general, los resultados de esta categoría analítica también reflejan las formas en que se presenta la desinformación sobre el cambio climático, ya sea mediante la negación y el escepticismo en torno al consenso climático, o a través de discursos alarmistas, como observaron Treen et al. (2020). Además, los datos obtenidos se correlacionan con el tipo de desinformación identificado en el estudio de Hassan et al. (2024), en el que el contenido engañoso o fabricado, basado en la manipulación de los hechos, desempeñó un papel importante en la generación de escepticismo, especialmente a través de su difusión en redes sociales.
Finalmente, al analizar el encuadre, las estrategias y las líneas argumentativas de cada uno de los 50 casos examinados en este estudio, se evidencia cómo las especificidades locales permean y reconfiguran los problemas globales en los flujos de desinformación. Este resultado corrobora investigaciones previas que ya indicaban que la desinformación se adapta a los problemas y tensiones en contextos políticos, sociales, culturales y mediáticos específicos (Massarani et al., 2022). En cuanto al cambio climático, un fenómeno de alcance y relevancia transnacional, este trabajo refuerza la idea de que las intersecciones locales no representan una barrera para la circulación de la desinformación, sino que proporcionan adaptaciones y ajustes. Por lo tanto, se trata de un fenómeno glocal, que combina elementos locales —cuya diversidad es perceptible incluso dentro de un mismo idioma— con estructuras discursivas y estrategias de alcance global. Así, en vase al fragmento analizado, se puede afirmar que la desinformación climática no es homogénea en todas partes del mundo, si bien mantiene estrategias discursivas comunes a escala global, como la deslegitimación de la ciencia y el parasitismo de su autoridad discursiva.
Los resultados del estudio presentado ponen de relieve la complejidad de la circulación de desinformación sobre el cambio climático, revelando cómo este fenómeno se manifiesta en flujos transnacionales y se adapta a su vez a especificidades socioculturales. La presencia preponderante de medios alternativos y tradicionales en la difusión de narrativas de desinformación, así como la creciente influencia de celebridades, influencers digitales y líderes religiosos, sugiere reconfiguraciones constantes de las autoridades discursivas en un contexto de disputas por los espacios de enunciación, transformaciones comunicacionales y una crisis epistémica en la ciencia.
Esto se produce en un contexto donde la lógica de las plataformas digitales, al fragmentar los centros de difusión de información, permite la expansión de actores legitimados en la difusión de información (o desinformación) científica, lo que resulta en la circulación de contenido que no siempre se fundamenta en evidencia técnica o académica. Este fenómeno no solo contribuye a la propagación de la desinformación, sino también a la erosión de la autoridad científica, lo que debilita la confianza pública en la ciencia y obstaculiza la implementación de políticas de mitigación del cambio climático.
La instrumentalización de la autoridad epistémica de científicos, investigadores e instituciones académicas para la propagación de desinformación también ha demostrado ser un factor relevante, en consonancia con las estrategias observadas en otros contextos de negacionismo científico y, por lo tanto, indica la existencia de una tendencia global. Esta práctica no solo refuerza las narrativas engañosas, sino que también contribuye a generar dudas y a dividir la opinión pública, lo que alimenta una cierta polarización en el debate climático.
Al examinar específicamente las relaciones entre los corpus en inglés y portugués, se observan elementos comunes vinculados al fatalismo o a visiones apocalípticas sobre los efectos del cambio climático. Además, a partir de elementos convergentes en los tres corpus, es posible observar algunas líneas argumentativas comunes, tales como: la revelación de supuestos fraudes, engaños o mentiras sobre el cambio climático; el uso de la ironía, la sátira, el ridículo o la exageración sobre el tema; y la instrumentalización de la autoridad científica, especialmente de científicos de renombre, incluidos los premios Nobel, para legitimar posturas negacionistas sobre el cambio climático o el calentamiento global.
En un intento por sintetizar las particularidades presentes en cada uno de los corpus, se observa que en inglés se registraron narrativas, especialmente las provenientes de medios alternativos, influenciadas por una ideología populista de derecha opuesta a las supuestas élites políticas, desde una perspectiva nacionalista conservadora y neoliberal. En el caso del corpus español, se destaca la particularidad de las creencias y la pseudociencia, o la mezcla de fuentes científicas con fundamentos religiosos (bíblicos), además de la creación o fabricación de intereses o consensos contrarios a la creencia en el cambio climático. Finalmente, con respecto al corpus portugués, se observa una politización excesiva del cambio climático.
Como se demuestra a lo largo de la presentación de los resultados, si bien se observa una diversidad en cuanto al enfoque, los tipos de remitentes y las fuentes utilizadas, los datos revelan cierta similitud entre los corpus. Estos hallazgos muestran que, aunque existen patrones comunes a los tres idiomas, también surgen particularidades propias de cada contexto sociocultural. Impulsada por factores facilitadores como las redes de medios transnacionales, los algoritmos de las plataformas digitales y los diversos intereses económicos, la intersección entre los flujos globales de desinformación y las dinámicas locales pone de relieve la naturaleza glocal de la desinformación climática, que se adapta a las especificidades de cada sociedad sin perder su conexión con las narrativas y estrategias discursivas compartidas internacionalmente.
También es importante considerar cómo los flujos transnacionales y las adaptaciones locales de la desinformación reflejan los diferentes aspectos del ecosistema digital contemporáneo. Los algoritmos de recomendación específicos de cada plataforma cuentan con conjuntos de reglas que operan a nivel global, al tiempo que utilizan datos y contenido producidos localmente. De esta manera, los sistemas de recomendación, los filtros de interacción y las políticas de moderación colaboran para crear burbujas informativas, con el potencial comprobado de reforzar sesgos y acelerar la propagación de narrativas engañosas. Este enfoque integrado, que articula factores socioculturales y técnicos, puede ofrecer valiosas perspectivas para el desarrollo de políticas públicas y estrategias de moderación más eficaces, contribuyendo a mitigar la propagación de la desinformación en un entorno digital cada vez más complejo.
Cabe destacar que esta intersección entre lo global y lo local refuerza la necesidad de estrategias regionales específicas para combatir la desinformación, teniendo en cuenta las particularidades culturales y políticas de cada contexto. A la luz de estos hallazgos, futuros estudios podrían explorar con mayor profundidad los mecanismos y la dinámica de recepción de este contenido, así como las implicaciones de su difusión para la formación de la opinión pública y la toma de decisiones políticas.
Finalmente, otro aspecto relevante a considerar se refiere a las implicaciones éticas de los efectos de la desinformación científica, en particular la desinformación climática, en la esfera pública. El ecosistema de la desinformación no se limita a los "medios alternativos", líderes o celebridades que se dirigen a nichos de audiencia o se alinean con orientaciones ideológicas específicas. También incluye a actores con un capital simbólico consolidado, como el periodismo tradicional y las autoridades científicas e institucionales. Esto indica que la desinformación climática circula a través de diferentes actores que operan dentro del ecosistema que estructura la opinión pública, y las plataformas digitales desempeñan un papel fundamental en esta dinámica de desinformación.
Además, las implicaciones éticas, políticas y ambientales de la desinformación no solo cuestionan la evidencia científica —lo que socava la autoridad históricamente construida de la ciencia—, sino que también generan incertidumbres y exacerban la polarización en torno al cambio climático, a pesar de su amplio y consolidado reconocimiento científico. Este escenario dificulta la adopción de acciones colectivas y la formulación de políticas públicas destinadas tanto a abordar los efectos de la crisis climática como a exigir responsabilidades a los principales agentes que la provocan.
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Contribuciones de los/as autores/as:
Conceptualización: Massarani, Luisa; Medeiros, Amanda; Waltz, Igor; Bolzán, Ricardo y Bulhões, Juliana. Metodología: Medeiros, Amanda; Waltz, Igor; Bolzán, Ricardo y Bulhões, Juliana. Validación: Medeiros, Amanda; Waltz, Igor; Bolzán, Ricardo y Bulhões, Juliana. Análisis formal: Medeiros, Amanda; Waltz, Igor, Bolzán, Ricardo y Bulhões, Juliana. Curación de datos: Medeiros, Amanda, Waltz, Igor, Bolzán, Ricardo y Bulhões, Juliana. Redacción - Elaboración del borrador original: Medeiros, Amanda, Waltz, Igor, Bolzán, Ricardo y Bulhões, Juliana. Redacción - Revisión y Edición: Massarani, Luisa, Moreno, Carolina, Mena-Young, Margoth, Camargo, Chico Quevedo, Neves, Luiz Felipe y Oliveira, Thaiane. Visualización: Bolzán, Ricardo. Supervisión: Massarani, Luisa. Gestión de Proyecto: Massarani, Luisa. Todos los autores leyeron y aceptaron la versión publicada del manuscrito: Medeiros, Amanda, Waltz, Igor, Bolzán, Ricardo, Bulhões, Juliana, Massarani, Luisa, Moreno, Carolina, Mena-Young, Margoth, Camargo, Chico Quevedo, Neves, Luiz Felipe y Oliveira, Thaiane.
Financiación: Esta investigación cuenta con financiación externa.
Agradecimientos: Amanda Medeiros agradece a la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ).la beca PDR 10. Ricardo Bolzán agradece a FAPERJ la beca postdoctoral. Luisa Massarani agradece a CNPq la Beca de Productividad 1B y a FAPERJ la beca Científico de Nuestro Estado. Thaiane Oliveira agradece a CNPq la Beca de Productividad Nivel 2 y a FAPERJ la beca Joven Científico de Nuestro Estado.
Conflicto de intereses: ninguno.
AUTORES:
Amanda Medeiros: Doctora en Comunicación y Cultura (PPGCOM/UFRJ), Máster en Estudios de Medios (PPgEM/UFRN) y Licenciada en Comunicación Social - Periodismo (UFRN). Investigadora postdoctoral afiliada al Instituto Nacional de Comunicación Pública de Ciencia y Tecnología (INCT-CPCT/Fiocruz) y al Programa de Posgrado en Comunicación Científica, Tecnológica y Sanitaria (PPGDC/Fiocruz), con una beca del Programa de Posdoctorado Nota 10 de la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ).
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0003-4491-4245
Google Académico: https://scholar.google.com.br/citations?hl=pt-BR&user=Z8vkSsAAAAAJ
Igor Waltz: Doctor (2019) y Máster (2015) por PPGCOM/ECO/UFRJ. Licenciado en Comunicación Social, con especialización en Periodismo (2010), también por la UFRJ. Investigador en el Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (INCT-CPCT/Fiocruz). Fue investigador postdoctoral en el Instituto de Investigación en Políticas de Bienestar Social (Polibienestar/Universitat de València/España), de 2024 a 2025, y en el Programa de Posgrado en Docencia en Biociencias y Salud del Instituto Oswaldo Cruz (IOC/Fiocruz), de 2020 a 2024.
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0003-1903-6153
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=gvdyFGcAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
Ricardo Bolzán: Doctor y Máster en Turismo (Área de Concentración: Desarrollo y Gestión) (PPGTUR/UFRN). Investigador postdoctoral afiliado al Instituto Nacional de Comunicación Pública de Ciencia y Tecnología (INCT-CPCT/Fiocruz), Fundación Oswaldo Cruz, con una beca de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ).
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0003-1476-3431
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=ruDeBggAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
Juliana Bulhões Alberto Dantas: Doctora en Comunicación Social (Periodismo) por la Universidad de Brasilia, con una estancia en la Universidad de Beira Interior (Portugal). Máster en Estudios de Medios por la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN) y especialista en Consultoría de Comunicación por la Universidad Potiguar (UnP). Licenciada en Comunicación Social con especialización en Periodismo y Radiodifusión por la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN). Investigadora en el Instituto Nacional de Comunicación Pública de Ciencia y Tecnología (INCT-CPCT/Fiocruz), Fundación Oswaldo Cruz.
julianabulhõ es.ad@gmail.com
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0002-6221-2696
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=7EQEljMAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
Luisa Massarani: Doctora en Gestión, Educación y Difusión en Biociencias por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Máster en Ciencias de la Información por el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (IBICT). Coordinadora del Instituto Nacional de Comunicación Pública de Ciencia y Tecnología (INCT-CPCT), investigadora en la Casa Oswaldo Cruz, Fundación Oswaldo Cruz (COC/Fiocruz). Becaria de productividad (nivel 1B) del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y Científica del Estado por la Fundación Carlos Chagas de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ).
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0002-5710-7242
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=8jSDb0UAAAAJ&hl=pt-BR
Carolina Moreno: Doctora en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Periodismo y miembro del Instituto de Investigación en Políticas de Bienestar Social (POLIBIENESTAR) de la Universidad de Valencia. También es miembro del Consejo Asesor del Centro de Estudios en Ciencia, Comunicación y Sociedad de la Universidad Pompeu Fabra (CCS-UPF) y del Consejo Asesor de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Inició su trayectoria investigadora en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a principios de la década de 1990. Desde entonces, ha publicado cerca de un centenar de estudios, tanto nacionales como internacionales, sobre la representatividad, el tratamiento social y la percepción de la salud, la ciencia, la tecnología y el medio ambiente en los medios de comunicación y las redes sociales. Sus artículos publicados tienen un impacto significativo en los medios debido a su gran interés en transferir los resultados a la sociedad.
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0001-7453-4257
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=GyZUp7sAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
Margoth Mena-Young: Doctora en Comunicación por la Universidad de Málaga, España. Es catedrática e investigadora principal en la Universidad de Costa Rica (UCR) y realiza investigaciones en el Centro de Investigación en Comunicación de la misma universidad. Su investigación se centra en la comunicación en ciencia, tecnología y salud, la comunicación estratégica y la comunicación de riesgos. Es la coordinadora general de la Red Evaprop del Programa CYTED.
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0002-9495-9081
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=cFMNVcIAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
Chico Quevedo Camargo: Profesor titular de Informática en la Universidad de Exeter. Líder del Área Temática de Ciencias Sociales Computacionales en el Instituto de Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, Subdirector del Centro de Comunicación sobre Clima y Ciencia de Datos, Investigador Asociado en el Instituto de Internet de Oxford, Universidad de Oxford, Profesor Visitante en el Departamento de Lengua y Literatura Inglesas de la Universidad Femenina Ewha, Seúl, Becario Turing en el Instituto Alan Turing y director del Laboratorio CC. Investiga cómo se difunden y evolucionan las ideas, combinando la ciencia de datos con teorías sobre el comportamiento humano, la cultura y la sociedad. También es divulgador científico, con escritos para Science, HuffPost Brasil y The Conversation, y más de 50 vídeos para YouTube.
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0002-2947-765X
Google Académico: https://scholar.google.co.uk/citations?user=FT9VxuwAAAAJ&hl=pt-BR
Luiz Felipe Fernandes Neves: Doctor en Ciencias por la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) en el área de investigación de Difusión, Popularización y Periodismo Científico, con una estancia de investigación (CAPES-Print) en la Universidad de Exeter (Reino Unido). Máster en Comunicación por la Universidad Federal de Goiás (UFG). Graduado en Comunicación Social/Periodismo, con especialización en Consultoría de Comunicación y Marketing. Investigador en el Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (INCT-CPCT/Fiocruz). Periodista en la Universidad Federal de Goiás (UFG). Miembro de la Red para la Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (Red PCST).
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0002-5994-9494
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=QlzFzcQAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
Thaiane Oliveira: Doctora y máster en Comunicación por la Universidad Federal Fluminense (UFF). Profesora del Programa de Posgrado en Comunicación de la Universidad Federal Fluminense. Investigadora del INCT en Disputas y Soberanía Informacional (DSI), del INCT en Administración de Conflictos (Ineac), del INCT en Comunicación Pública de la Ciencia (CPCT), de la Cátedra UNESCO de Multilingüismo y de la Red Nacional de Ciencias para la Educación. Fundadora de la Red Latmétricas. Miembro de la Academia Brasileña de Ciencias (ABC). Becaria de Productividad de Nivel 2 del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y Científica de Nuestro Estado de la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ).
ID de Orcid: https://orcid.org/0000-0002-8588-3548
Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=BsagXDUAAAAJ&hl=pt-BR&oi=ao
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[1]Luisa Massarani, Casa Oswaldo Cruz, Fundación Oswaldo Cruz (COC/Fiocruz), luisa.massarani@fiocruz.br Doctorado en Gestión, Educación y Difusión en Biociencias por la Universidad Federal de Río de Janeiro (2001) y Máster en Ciencias de la Información por el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (1998). Coordinadora del Instituto Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (INCT-CPCT).
[2]El propio Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) confirmó que el año siguiente, 2024, fue el más cálido registrado, siendo el primero en el que la temperatura media global superó los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, se considera relevante mantener el análisis de los datos correspondientes a 2023, con el fin de centrarse en la naturaleza dinámica de los procesos de desinformación científica y climática. Véase más en: https://climate.copernicus.eu/copernicus-2024-first-year-exceed-15degc-above-pre-industrial-level . Consultado el 4 de febrero de 2025.
[3]Disponible en https://buzzsumo.com . Consultado el 26 de noviembre de 2024.
[4]Disponible en: https://dfreelon.org/utils/recalfront
[5] Observatorio Europeo de Medios Digitales